2005-12-04

25) IIª FERIA DEL LIBRO ANTIGUO Bs.As. Nov/2005

Libros antiguos,
joyas de la cultura

Desde el año 2004 se realiza en Buenos Aires la FERIA DEL LIBRO ANTIGUO, organizada por la Asociación de Libreros Anticuarios de la Argentina (Alada). Del 28 al 30 de noviembre de este año se llevó a cabo en el Palace de Glace (Posadas 1725) la 2º Feria del Libro Antiguo, presentada con sencillez, calidez y calidad, la sólida tradición de nuestras librerías en la preservación y difusión de obras que gracias al paso del tiempo y cuidado especial, ya son joyas de la cultura.
Informó el diario Página/12: “ Además de ser una herramienta educativa (y para muchos placentera), el libro funciona como una indestructible correa de transmisión entre las distintas generaciones y culturas…. a mayor paso del tiempo, mayor riqueza simbólica tiene un ejemplar, además de los beneficios comerciales que acarrea para el privilegiado dueño. Pero un libro antiguo (aunque esta palabra esté devaluada y en términos valorativos para algunos resulte antipática) no se compra –por suerte- en un supermercado. Entonces, sólo importa valorizarlo por el peso histórico y simbólico que tiene, a pesar de que haya sobrevivido en una sociedad de consumo”.

TEXTO Y CONTEXTO
Explica el librero Casares: “Los libros son testimonios muy tangibles de todos los momentos de la cultura del hombre, que van dejando huellas en ellos”. Pero el contexto no es el mismo y ahí está la fascinación entrañable que producen los viejos ejemplares: “el libro es un objeto que está compuesto no solamente por el texto que reproduce sino por la forma en que está hecho. Interviene mucho cómo se diagramó, qué tipografía se usó, que imprenta lo hizo, si tiene ilustraciones o no las tiene, qué tipo de tapas posee. Hasta casi finales del siglo XIX no existían las ilustraciones de tapa. Son cosas que se van incorporando al libro un testimonio de las distintas épocas de la cultura del hombre”.
Esta IIª Exposición del Libro Antiguo fue un placer tanto para coleccionistas y especialistas, como para los simples neófitos impulsados por una bibliofilia incurable. Ese encuentro sagrado con el pasado que llega a nuestros días en estado de preciosa conservación, se destacó por la variedad de ejemplares y temáticas.
Se exhibieron para la venta y deleite de los visitantes libros de diversa antigüedad, impresiones añejas, manuscritos medievales, grabados, mapas, documentos y cartas. Desde el primer libro de anatomía de 1491, pasando por un Fascículo de Medicina del año 1493, hasta cartas de San Martín y J.M. de Rosas!.
Los libreros son parte de una legión de honor que, como los coleccionistas, bibliotecarios, anticuarios, historiadores, restauradores, con su labor silenciosa y constante, muchas veces vienen a suplir de hecho la desidia estatal, custodiando nuestro material cultural e histórico.

Algunos ejemplares exhibidos en la
IIª Feria del Libro Antiguo:
a) Con un bello catálogo de presentación de su material disponible y colección de fotos, estaba una primera Edición de Alejandra Pizarnik a $ 1.900 y el Romancero Gitano de García Lorca de 1933 a $ 300. Librería Anticuaria “Poema 20”. Esmeralda 869.
b) Historia de Ascasubi, Trovas y lamentos de Donato Jurao (“ a la muerte de la infeliz da Camila O´Gorman que en compañía del desgraciado cura Gutiérrez fueron ferozmente asesinados en Buenos Aires por orden del famoso y cobarde carnicero Juan Manuel de Rosas”). Edición 1851, a $ 7.000.
Historia de Pedro de Angelis, de 1828 a $ 6.000. Librería “Los 7 pilares”. Florida 835 subsuelo, local 9.
c) Carta de Rosas a Manuel Corvalán, de 1832; Carta de Rosas al gobernador de Córdoba de 1839. Librería Helena de Buenos Aires. Florida 835, subsuelo local 32.
d) Primera Edición de Fervor de Buenos Aires de J. L. Borges. tapa ilustrada por Norah Borges.
Primera Edición de Luna de Enfrente de J. L. Borges. /Primera edición de Cuadernos de San Martín de J. L. Borges. Librería Alberto Casas. Suipacha 521 .

“El libro, instrumento de celebración y culto” (*) del catálogo de “Víctor Aizenman, librero anticuario” .

"Aleph” y “Babel”: el sitio que todo lo resume y la sonora yuxtaposición que nos enfrenta con la infinita diversidad. Dos metáforas gloriosamente instaladas e el imaginario literario se imponen cuando de ensayar una definición del libro (¡una más ¡) se trata.
Síntesis privilegiada de la historia y al mismo tiempo prueba mayor de su condición inagotable, el libro es un objeto de naturaleza peculiar, reacción a los consuelos de las ontologías tradicionales. Es la única herramienta que, lejos de agotarse en su funcionalidad, perdura como instrumento de celebración y culto. Emulo de la ópera, en su escenario confluyen las artes conjugadas de un obrero de la lengua, de un artista plástico, de un hacedor de papeles, de un maestro tipógrafo y de un artesano encuadernador, para montar ese “espectáculo total” que es el desideratum de la utopía artística. Su altar puede verse envuelto en inciensos de exaltación o en llamas de condena. El progreso lo convoca en su marcha hacia las luchas y la censura lo mutila en su defensa del terror. Genera fobias y filias capaces de enfrentarlo con falsas disyuntivas (“¡…SÍ, Libros NO!”), o de acercarlo a los límites del ditirambo. Entidad a un tiempo real e ideal, ocupa un espacio (la “Biblioteca”) que ha sido descripto como metáfora del mundo o espejo del Paraíso. Una nación se ha creado a sí misma según su nombre: “el pueblo del Libro”
La bibliofobia es un triste accidente histórico. Passons. En cuanto a la bibliofilia, esa devota del libro y de cuanto documento reconozca su fuente en un procedimiento de impresión o de escritura, pone su mirada no tanto en el “pensamiento del que – se supone -, el libro es un vehículo, cuanto en el pensamiento encarnado e inseparable de un soporte de papel, sobre cuya blancura –vertiginosa metáfora de todo origen y de todo nacimiento- se escenifica un texto mediante la intransferible administración del espacio que llamamos “puesta en página”.
Imbuido de pasión histórica y estética, el bibliófilo es ese amateur ávido de sorprender –y atesorar- todo cuanto en el libro mas se aproxime a la idea de un origen: el manuscrito del autor, el primer esbozo del ilustrador, la primera edición de un texto que pueda haber significado un hito en el desarrollo de la cultura, la primera tirada de un grabado, la encuadernación de época o la que ostente la firma de un artífice que con nobleza de materiales y novedad artística haya dado coherencia final, interpretándolo, a ese conjunto que se despliega a la vez e el espacio y en el tiempo.
El término “incunable” pues, por encima de su alcance técnico, que se refiere a las obras publicadas desde la invención de la imprenta hasta el año 1500, resulta válido para designar el deseo primordial del bibliófilo: acceder a la cuna, al nacimiento mismo de aquello que se ama.
Pero lejos de ser patrimonio de posibles sectas de conjurados – tal como la desinformación o la información interesada pudieron inducir a creerlo – el libro está hoy instalado en el centro de los mercados de arte internacionales y el interés que concita, no sólo como privilegiado testimonio histórico, sino como espacio de extensión del más alto refinamiento estético, crece en forma continuada.
La multiplicidad y el eclecticismo enmarcan los campos en los que el coleccionismo de libros puede desplegarse...."

(*) del catálogo de “Víctor Aizenman, librero anticuario” de la IIª FERIA DEL LIBRO ANTIGUO DE BS.AS.
Víctor Aizenman, librero anticuario.
Libros Antiguos, Raros y Preciosos.
Av. Las Heras 2.153, pb. “A”
aizenman@fibertel.com.ar

"La bibliofilia es un laberinto libre de amenazas:

sólo conduce hacia la felicidad…:”

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